YapagameINBA

E-flyer circulado en redes sociales, 2018.

 

La reciente campaña en redes sociales promovida con la leyenda #YaPágameINBA es un nuevo capítulo en las crisis recurrentes que viven los trabajadores de la cultura mexicanos adscritos a las dependencias de la infraestructura cultural, principalmente museos y galerías públicas, en lo que va del presente siglo.

Uso deliberadamente el término trabajadores de la cultura porque quiero recuperar el uso político que del mismo hicieron los artistas mexicanos al final de la década de los 70: “Por la recuperación del control de los medios de producción, reproducción y circulación de nuestro trabajo” (1).

En efecto, la formación profesional en el sector ha aumentado pero no ha disminuido la presencia de colegas forjados en una formación no escolarizada, rango en el cual me inscribo, y todos nosotros dependemos estrechamente de los expertos técnicos que hacen posible materializar una muestra: restauradores, museógrafos, personal de mantenimiento metido a museógrafo, electricistas, carpinteros, personal de base que se ha especializado en embalaje y marquetería, choferes, e incluso de personal en áreas grises que termina metida a mano de obra extra con el único objetivo de inaugurar a tiempo… por mencionar algunos matices de quienes trabajan en una institución museológica y hacen posible los ciclos de muestras temporales, el préstamo de obra, así como la recuperación y salvamento de acervo histórico y patrimonio mueble, el cual abarca más que obras de arte. Lo cierto es que todos nosotros realizamos trabajo especializado en un sector específico de la producción cultural actual.

La primera ocasión que atestigüé una exigencia de pago justo y mejoras en las condiciones laborales fue en 2006, mientras trabajaba en una publicación de arte que luchaba por sobrevivir a su propia condición precaria: la revista Arte al día. Hubo una marcha en las calles de la Ciudad de México y esto resultó inédito en un ámbito que se percibe por amplios sectores del público como ajeno a la cohesión o a la empatía entre trabajadores del mismo ramo.

El segundo episodio lo viví cuando trabajé en una dependencia cultural, el Centro de la Imagen (CENART, en aquel entonces dependiente del extinto CONACULTA), en 2009. Ese año la crisis provocada por el brote de influenza H1N1 afectó profundamente la vida cultural y está se vio agravada por la decisión política de funcionarios del INBA de suspender pagos. Bajo la dirección en ese momento de Teresa Villavicencio, la encargada de Relaciones Públicas del Instituto declaró a un diario de circulación nacional que ante la falta de recursos se tendría que elegir entre “pagar sueldos o realizar la programación de los museos”.

La declaración precedió una suspensión de pagos por falta de recurso federal al personal contratado por honorarios en la red de museos del INBA primero, luego a otras dependencias culturales, situación que se prolongó por varios meses (para algunos un trimestre, para otros más de 5 meses). Esto obligó a varios de quienes integrábamos ese amplio sector del personal por honorarios a reunirnos y promover un documento en el cual se exigiera el pago de los sueldos atrasados, así como una mejora en las condiciones de contratación. Hubo varios grupos de trabajo y hasta un blog que daba cuenta del seguimiento en medios de la situación.

Por supuesto se temieron represalias y hubo compañeros de trabajo que desestimaron cualquier intento de organización propia. Lo cierto es que los pagos llegaron, el documento se entregó y regreso la calma chicha. Al año siguiente yo inicié mi actividad en el sector cultural como freelance. Este es ya el octavo año de ese camino, y aunque no trabaje con horario de oficina en un conjunto cultural vivo los mismos contratiempos y limitaciones que el resto de mis compañeros. Yo al final estoy sujeto a los mismos requisitos para ser contratado, validar mi pago y sortear los conflictos derivados de los pagos atrasados.

La vitrina que ahora ofrecen las redes sociales ha puesto la exigencia en boca y manos de un buen número de otros trabajadores que laboran en otros sectores culturales de fuerte presencia entre las nuevas generaciones y simpatizan con el reclamo. Esperemos que esto no sólo consolide una mejor percepción de esas problemáticas, sino también haga una contribución efectiva a esta lucha.

He decido publicar este veloz recuento aquí porque de hacerlo en alguno de mis perfiles en redes sociales estoy seguro que desaparecerá aplastado por la imparable cantidad de publicaciones que alimentan constantemente los timelines de cada uno de esos nichos.

Este post es el inicio de un diálogo, empezamos de nuevo.

Irving Domínguez, marzo del 2018.

1, Tomado del artículo “HEGEMONÍA Y POLÍTICAS CULTURALES EN MÉXICO. Desde los años 60 hasta los “bloqueos” de López Obrador” de César Horacio Espinosa Vera, Escaner Cultural, número 87, septiembre del 2006, consultado el 28/03/2018.

volante cap 300

Volante fotografiado y reproducido en redes sociales, 2018.

 

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